21 de julio de 2009

Modelo musulmana condenada a azotes por beber en un club

Kuala Lumpur. (dpa) - Una corte estatal de la sharia en Malaisia sentenció a una mujer a seis azotes después de que se declarara culpable de consumir alcohol abiertamente en un club nocturno de Malaisia hace dos años, según informó hoy el diario New Straits Times en Kuala Lumpur.

Kartika Sari Sewi Shukarno, una modelo de 32 años originaria de Singapur, deberá pagar además una multa de 5.000 ringgit (1.350 dólares) por haber estado bebiendo cerveza en julio de 2007, cuando irrumpieron en el local nocturno inspectores islámicos.

"Los azotes tienen por objetivo hacer que la acusada se arrepienta y servir de lección a los musulmanes", fundamentó la sentencia el juez. Los abogados de la mujer anticiparon que apelarían la condena.

La ley de la sharia vigente en el estado de Pahang prevé penas de hasta 5.000 ringgit, tres años de prisión y seis azotes con vara de caña por consumir alcohol.

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28 de junio de 2009

El Celibato en la iglesia católica – los curas y el sexo

Ya casi no hay memoria de los tiempos en que la Iglesia Católica sufrió desafíos tan ásperos como los de estos últimos años. Lo que sucede no tiene la profundidad del cisma litúrgico del obispo Marcel Lefebvre ni el fervor revisionista en la interpretación de los Evangelios que desembocó en la Teología de la Liberación, sino las violaciones de una obligación que no es materia de dogma pero sí de continua perturbación: el sexo de los clérigos.

Primero fueron los delitos de pedofilia, que en diciembre de 2002 provocaron la renuncia del cardenal de Boston Bernard Law, de quien se sospechó ocultamiento; 450 demandas millonarias por décadas de abusos contra menores dejaron la arquidiócesis al borde de la quiebra. Otra vez ahora, como suele suceder, el escándalo se desata cuando sale a la luz algo que se trataba de ocultar: la descendencia del ex obispo Fernando Lugo. Los actos aberrantes y la aparición de tres hijos engendrados por el presidente de Paraguay durante sus años de ministerio ponen en tela de juicio el valor de la represión sexual en la vida católica.

Lugo es un novato en política, en quien los creyentes paraguayos advirtieron un carisma natural asociado, en buena medida, a las virtudes que se atribuyen a los hombres que transmiten la palabra de Dios.

Al ser elegido, en abril de 2008, cerró 61 años de dominación del Partido Colorado. De ellos, 35 corresponden a la dictadura de Alfredo Stroessner, cuyas violaciones de los derechos humanos investiga hoy la justicia paraguaya. Cuando la senadora Lilian Samaniego, jefa de la oposición, denunció a Lugo por estupro, acusándolo de tener relaciones con una adolescente de 16 años, el ex obispo pidió perdón al pueblo, señalando que su falta era un rasgo propio de la condición humana. Los seguidores de Lino Oviedo, un militar procesado por intentos de golpes de Estado y masacre de civiles, quien se fugó hace diez años a la Argentina de su amigo Carlos Menem, hacen continuos aportes al show televisivo con declaraciones sobre el derecho canónico, Dios y la moralidad. Otros colorados llaman a Lugo "falso profeta" y "farsante". Y, como al pasar, destacan la inestabilidad que representa el distanciamiento entre el jefe de Estado y su vicepresidente Federico Franco.

Al margen de la lucha en el barro de la política, las declaraciones más esclarecedoras han salido de la Iglesia paraguaya misma. El obispo de Ciudad del Este, Rogelio Livieres, dijo que sus pares conocían la información sobre Lugo desde hacía tiempo. "No sé por qué se enmascaran los temas de la Iglesia y no se ventilan. En nuestra época eso es pésimo, porque todo se descubre finalmente", afirmó Livieres, y encontró una instantánea refutación oficial: "El Consejo Episcopal Permanente lamenta y rechaza las expresiones de monseñor Livieres, quien hace entender que hubo encubrimiento y complicidad de los obispos de Paraguay sobre la conducta moral del entonces miembro del colegiado episcopal, monseñor Fernando Lugo".

Las palabras del obispo Livieres recuerdan las que monseñor Jerónimo Podestá, impulsor del Movimiento Latinoamericano de Sacerdotes Casados, escribió en 1990 al entonces presidente del Episcopado Argentino, cardenal Raúl Primatesta: "Veo con pena que en general tengan ustedes una visión bastante «alienada» y timorata: no saben lo que piensa y siente la gente en el mundo de hoy. La Iglesia es el Pueblo de Dios y ustedes lo saben, pero en el fondo siguen pensando que la Iglesia son ustedes", le dijo en una carta tras el enésimo rechazo a su prédica por el celibato optativo.

Cuando era obispo de Avellaneda, a fines de los 60, monseñor Podestá se convirtió en una pesadilla para el régimen autocrático de Juan Carlos Onganía. Reunía a multitudes de hasta un millón de personas para ceremonias religiosas que se transformaban en espontáneas manifestaciones políticas. En sus sermones denunciaba las injusticias sociales y apoyaba el compromiso de los sacerdotes con las reivindicaciones populares, precursoras de las obras que hoy se hacen en las villas. Para el régimen fue un alivio que el obispo anunciara, en 1967, la decisión de casarse con Clelia Luro, quien había sido su asistente en la diócesis y era madre de seis hijas de un matrimonio anterior.

Era una época de rupturas sonoras. Poco antes, el jesuita Joaquín Adúriz, quien se había hecho famoso en el programa de televisión El abogado del diablo , con Raúl Urtizberea, colgó los hábitos y se fue a vivir a Lima con su esposa.

Podestá llamó varias veces a las puertas del Vaticano sin lograr que Pablo VI le levantara la suspensión a divinis. Hasta su muerte, hace nueve años, nunca se dio por vencido: "Celebro misa en el patio de mi casa", solía decir. Reivindicaba su compromiso con Dios: "Tengo la formación tradicionalísima de la Iglesia, que dice: «Tú eres sacerdote para siempre». Lo primordial es esa elección interior: ¡yo quiero ser sacerdote! ¿Y por qué? Porque quiero enseñar el bien, la enseñanza de Jesucristo". Podestá insistía en recordar que, si bien Jesús optó por el celibato, no lo impuso a sus apóstoles, entre los que había casados y solteros. El ex obispo de Avellaneda predicaba que el celibato es un don, no un mandato divino, y que nada impide sentir la vocación sacerdotal si se está privado de esa gracia.

La mayoría de los católicos ignora que los sacerdotes y obispos no tenían prohibido el matrimonio durante los primeros diez siglos de vida cristiana. Además de San Pedro, otros seis papas vivieron en matrimonio y -más llamativo aún- once papas fueron hijos de otros papas o miembros de la Iglesia, sin que ese linaje afectara la santidad de sus actos. Hasta el Concilio de Elvira, que lo prohibió en el año 306, un sacerdote podía incluso dormir con su esposa la noche antes de dar misa. Eso comenzó a cambiar diecinueve años más tarde, cuando el Concilio de Nicea estableció que, una vez ordenados, los sacerdotes no podían casarse.

En 1073, Gregorio VII impuso el celibato. Uno de sus teólogos, Pedro Damián, dictaminó que el matrimonio de los sacerdotes era herético, porque los distraía del servicio al Señor y contrariaba el ejemplo de Cristo. Si bien la intención del Papa era restaurar la derruida moral del clero y purificar a la feligresía con ejemplos de castidad, decenas de historiadores -incluyendo los más piadosos- suponen que la decisión de imponer el celibato fue también un medio para evitar que los bienes de los obispos y sacerdotes casados fueran heredados por sus hijos y viudas en vez de beneficiar a la Iglesia. En 1123 el Concilio de Letrán decretó la invalidez del matrimonio de los clérigos y, como la norma no hallaba completa obediencia, dieciséis años más tarde el segundo Concilio de Letrán la confirmó. Cuando el Concilio de Trento fijó la excelencia del celibato sobre el matrimonio, hizo doctrina de las palabras con que San Gregorio Magno había condenado el deseo sexual durante su papado, en el siglo VI. Sólo la Iglesia Oriental que adscribe a Roma admite sacerdotes casados, pero deben haber contraído matrimonio antes de la ordenación y nunca llegarán a obispos.

Para los católicos, el paso por este mundo es sacrificio y sufrimiento, tal como lo escribió Santa Teresa: "Vivo sin vivir en mí, / y tan alta vida espero, / que muero porque no muero". Pero así como el placer del sexo fuera del matrimonio está prohibido por la doctrina, para las religiones védicas de la India es un camino de aprendizaje y un elemento de vida: "Atravesada por un ardor que te devora, la boca seca, te arrastrarás hacia mí, dulce, sin ira, toda mía, la voz tierna, fiel", dice una plegaria hindú para ganar el amor de una mujer, en el Atharva-Veda.

¿Cuál es el sentido de reprimir las expresiones de la sexualidad, no sólo entre los clérigos sino también en la vida diaria? ¿Qué gana la fe católica con eso? Se teme que el placer distraiga de la oración, de la relación con Dios, pero el menosprecio de la mujer en los seminarios y la contradicción de los impulsos naturales del hombre en realidad no fortalecen los vínculos entre la Iglesia y el pueblo de Dios. Al contrario, el celibato obligatorio suele desanimar algunas vocaciones sacerdotales y provocar defecciones en el clero.

Si bien creía que "la vigente ley del sagrado celibato" debía seguir "unida firmemente al ministerio eclesiástico", Pablo VI, atento a los clamores de modernización del Concilio Vaticano II, analizó las objeciones en una encíclica memorable, Sacerdotalis caelibatus , de 1967. Allí se preguntó: "¿No será ya llegado el momento de abolir el vínculo que en la Iglesia une el sacerdocio con el celibato? ¿No podría ser facultativa esta difícil observancia? ¿No saldría favorecido el ministerio sacerdotal si se facilitara la aproximación ecuménica?".

Acaso a Dios lo tengan sin cuidado los deslices del ex obispo Lugo, porque su gloria está más allá de lo que establecen los seres humanos. Pero la inflexibilidad de la doctrina deja entre los católicos la pregunta sobre el sentido de normas creadas por la Iglesia hace diez siglos, que no existían antes y no tendrían por qué existir para siempre. Jesús predicó la humildad, el amor a Dios y a los semejantes. Sus lecciones de vida siguen siendo claras. A veces, en el afán por interpretarlas, los seres humanos las oscurecen.

Por Tomás Eloy Martínez

El Twitter de Jesus

twitter de jesus

Richard Dawkins - Campamento de verano para niños agnósticos

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Richard Dawkins, el prominente agnóstico, ha contribuido a crear un campamento de verano donde se enseñará a los niños el escepticismo racional y cantar Imagine de John Lennon junto a las más tradicionales actividades de canoa y natación.

27 de junio de 2009

Donde votar - Junio 2009 – padron nacional

Hay que averiguar, antes de salir sin direccion. Para saber dónde votar, entra aquí

Donde votar

10 de marzo de 2009

Niña Muere por Fanatismo Religioso

Sus padres se negaron a llevar a su hija enferma de 11 años al hospital y se quedaron en la casa rezando. No hace falta más explicación.



Hay otras personas que postergan su realización y felicidad por no trasgredir alguna norma religiosa que...  ojalá estuvieran al menos en las escrituras. Escrituras que escribieron TAMBIEN los hombres y aplican a una sociedad de hace 1700 años.

¿Valdrá la pena?


4 de marzo de 2009

Dios salve a los Judíos

Recemos por los judíos. Que Dios Nuestro Señor ilumine sus corazones para que reconozcan a Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Dios, omnipotente y eterno, tú que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concede, propicio, que, entrando la plenitud de los pueblos en tu Iglesia, todo Israel sea salvado".

Esta plegaria ha sido adoptada por decisión de Benedicto XVI el pasado 5 de febrero, para ser formulada en la celebración litúrgica del Triduo Pascual -el Viernes Santo- y así comunicada a todas las Conferencias Episcopales del mundo, con el consiguiente revuelo entre las comunidades judías y aquellos que han propiciado, desde sus respectivas religiones, el diálogo "judeo-cristiano" abierto después del Vaticano II.
El tema desborda el debate religioso. Más allá de ese bienvenido diálogo, lo que pone en cuestión la plegaria es el principio de tolerancia que preside la vida institucional y social de los Estados democráticos modernos.

Que una comunidad religiosa pretenda difundir su fe, va de suyo. Que rece para que todos los que no la profesan, encuentren su verdad, está en la lógica de la actividad de cualquier activista de una creencia. Pero cuando una iglesia constituida singulariza su prédica en los fieles de otra religión específica y reclama que se haga lo necesario para "salvarlos" estamos entrando ya en el camino de la intolerancia.

¿Con qué derecho, específicamente, se sienta en el banquillo de los acusados de vivir en el error a los miembros de otra comunidad que ejerce el mismo derecho que ella a creer en su Dios? No podemos ignorar que hacerlo con los judíos y con "Israel todo", que debería ser salvado, es retornar al aire de aquellos tiempos en que desde los púlpitos católicos se les condenaba por "deicidio", como "asesinos de Jesucristo". Bien se sabe que esa doctrina fue un elemento sustantivo para que los nazis pudieran desarrollar su prédica antisemita y desatar el Holocausto, la mayor tragedia de nuestra civilización. ¿Dónde estaba Dios? se preguntó el actual Papa cuando visitó el campo de concentración de Auschwitz, y muchos, con incuestionable lógica, le preguntaron dónde estaba entonces la Iglesia católica, silenciosa en momentos en que ocurría una tragedia de la que tenía cabal noticia.

Por cierto, la nueva oración no contiene las frases difamatorias de antaño: ya no se habla de "los pérfidos judíos", expresión borrada por Juan XXIII. Sin embargo, se inscribe en una dirección fundamentalista de peligrosa actitud discriminatoria. Nadie puede ignorar que el pueblo judío ha sido de los más perseguidos de la historia y, como ha logrado sobrevivir -a diferencia de otros tantos que sucumbieron,- continúa en el centro de vastos escenarios de prejuicio. El fundamentalismo islámico, y hasta jefes de Estado como Ahmadineyad, proponen destruir el Estado de Israel y la nación judía y lo hacen a grito pelado. Tampoco es un misterio reconocer que el prejuicio antisemita va más allá, está aún vigente en el mundo y que la política de Israel, polémica como todas las políticas, ambienta reacciones prejuiciosas.

En ese cuadro, cuando la Iglesia católica, tan parsimoniosa siempre, sale a intentar la salvación de los judíos y de Israel todo, proponiéndose sacarlos del mundo del error en que viven, es obvio que está reinstalando en la picota a ese perseguido pueblo y de alguna manera volviendo a condenarlo. ¿Por qué no se hace lo mismo con los musulmanes o con nosotros los agnósticos liberales, que hoy podríamos debatir el tema al amparo de las garantías que nuestra filosofía logró arrancar a los absolutismos?

Algunos voceros eclesiásticos alegan que la plegaria se ha aliviado de adjetivos acusatorios y que, además, no se leerá necesariamente en todas las iglesias, porque ella se inscribe en la rehabilitación del viejo misal, que no es de empleo obligatorio. Pero no cabe agradecer a la Iglesia que se haya corregido ella misma, limando viejas aberraciones inquisitoriales, del mismo modo que no hace a la cosa el porcentaje de templos en que se lea la plegaria. Lo que preocupa es la plegaria en sí misma, como expresión de un retroceso cívico muy serio. E insistimos en la palabra cívica, porque es un tema de ciudadanía.

La persecución racial, la intolerancia religiosa, la difamación histórica son males endémicos que aún debemos combatir. No es razonable, por lo mismo, que una Iglesia vaticana que venía evolucionando hacia el diálogo y la convivencia, dé este paso atrás. Grande o pequeño no interesa. La cuestión es que la mentalidad que está en la raíz de esa decisión no se compadece con los esfuerzos de los últimos Papas y vuelve a sembrar una semilla de intolerancia que no deberíamos observar con indiferencia.ajn
Julio María Sanguinetti fue presidente de Uruguay. Es abogado y periodista.


Por JULIO MARÍA SANGUINETTI
el país
11/3/2008